miércoles, 13 de mayo de 2009

flotando en su nube

Llegó el capitán del barco-que había estrellado contra un iceberg-, y desgranó el menú de la comida; las canciones que se iban a tocar; y nos dijo que únicamente había que esperar a que el deshielo derritiera el bloque contra el que habíamos chocado.
La oposición dijo que no le gustaba el primer plato, ni el segundo, ni el postre. Que prefería no bailar con la más fea, y que si había pilotado a ciegas no nos entretuviera y diera orden de echar los botes salvavidas.
El capitán dijo que en realidad, la culpa la tuvo el que diseño el barco, y el contramaestre, y el despiste del piloto que se quedó un rato dormido. También dijo que vendrían a rescatarnos y nos darían fuertes indemnizaciones por las molestias. Y así, hablaron entre ellos, sin hacer caso de los que estaban afuera que cada vez eran más y estaban más asustados. El barco ya estaba casi hundido.
Y llegó Durán y dijo " En la tómbola de Zp, siempre toca: si no es un pito es una pelota"

¿Con qué vergüenza básica o sentido del ridículo puede acaso pretender que sus angustias, miedos, esperanzas son siquiera similares? ¿Qué sueldo han visto recortarse en sus bolsillos los señores diputados? ¿En qué se vio horadado su nivel de vida? El ciudadano escucha a esos que invocan paro y ruina desde sueldos blindados y aún mejor blindadas jubilaciones. Ninguno de los riesgos que atenazan al vulgar don nadie que todos somos, existe para ellos. Ni Zapatero ni Rajoy corren peligro de ver zozobrar a sus familias en un presente negro y sin mañana. Ni Gallardón, ni Pajín, ni la última de las asombrosas nulidades que componen en España los privilegiados aparatos de los partidos, afrontan más incordio que el de que algún vecino les escupa a la cara. Pero para eso está la nube de escoltas.
Huir, huir de todo esto. No hay ciudadano a quien quede una neurona viva, que no sueñe con eso. Cada día. Obsesivamente. Porque no existe un solo instante en el cual esta gente no insulte nuestra dignidad básica y nuestras dificultades, exhibiendo su horterez de nuevos ricos. Lo más repugnante. ¿Es necesario realmente que una ministra de sanidad se disfrace de princesita monegasca en puesta de largo, para anunciar el derecho de cualquier menor a adquirir fármacos sin receta? ¿Es realmente necesaria esa sonrisa de melaza pringosa que ha venido a convertirse en password del club de los señores? (Gabriel Albiac, filósofo)

1 comentario:

Anónimo dijo...

La vida es una tómbola (llana de luz y de color) en Rumanía también, y en Salou.

“Viñeta prestada de la idiota internacional”.

http://notengobocaynecesitogritar.blogspot.com/2009/05/cuatro-cositas-o-mas.html


Gracias. Saludos. Te leo.