viernes, 27 de enero de 2012

el monstruo amable y el fracaso de la izquierda


Ahora que la izquierda ha sido desalojada del poder central, autonómico y municipal por una sociedad inquieta, deprimida y asustada, quizá sea el momento de llevar su batacazo electoral más allá de las retóricas lamentaciones. Si la debacle le anima a emprender la enérgica crítica de sus hábitos, la izquierda podrá descubrir la causa de su fracaso y quizá enmendar el rumbo de su errática deriva. Pero como es probable que no tenga la costumbre de ponerse en cuestión y carezca de valor para sacudirse a sí misma, le resultará muy útil leer el libro del lingüista italiano Raffaele Simone.
Se titula El Monstruo amable: Perché l'Occidente non va a sinistra y es la más despiadada reflexión que puede hacer un intelectual de izquierdas en contra de sus compañeros de partido, movimiento o corriente de opinión.
Sostiene Simone que la izquierda europea lleva tres décadas sin comprender los cambios que han alterado la faz del mundo y que esta ignorancia está en el origen de su terco fracaso. Una grave carencia intelectual y una empecinada miopía política ha lesionado gravemente su influencia y desprestigiado la autoridad de su proyecto histórico.
Las causas de este extravío son innumerables y las cita Simone con destemplado fastidio: la izquierda no se ha querido purgar moralmente por su complicidad con los regímenes mediocres, criminales y despóticos de los "Países del Este", ha fomentado indolentemente la perversión burocrática de sus partidos y sindicatos, se ha despellejado a sí misma en feroces rivalidades sectarias, se ha puesto en evidencia con la extravagante ambición de sus líderes, se ha enredado en las luchas intestinas de las camarillas nepotistas, los grupúsculos de poder y las repugnantes nomenclaturas, ha distorsionado con su demagogia oportunista el lenguaje corriente que le servía para comunicarse con la sociedad, la insuperable cortedad intelectual de sus grupos dirigentes ha impedido formular ideas coherentes sobre los terribles cambios que se avecinaban y que finalmente han tenido lugar, se ha conformado administrando tejemanejes, nombramientos, poltronas y licitaciones...
En suma, se ha negado a sí misma y ha consentido que sus ambiciones históricas fueran desmanteladas, arrinconadas o edulcoradas. Mientras tanto, un poderoso movimiento cultural y económico, ubicuo, amigable, inaprensible, moderno y afable, al que Simone llama la Neoderecha, ha impuesto al mundo los valores que hechizan, seducen y conquistan el corazón de una multitud disgregada, excitada y egoísta. Es la Neoderecha del Archicapitalismo la que ha transformado a la sociedad en una masa de público y clientes exentos de vergüenza y compasión y dispuestos a consumir, desear, endeudarse, divertirse y entusiasmarse en un mercado concebido para satisfacer el más mínimo de sus impulsos.
Con impecable argumentación y ritmo trepidante, el breve ensayo de Simone deja estupefacto al lector y mientras ridiculiza la arrogancia de una izquierda ajena a la envergadura de su catástrofe, dibuja el más desolador panorama que podemos imaginar para el inminente futuro de nuestro mundo.
Cita a Ortega, Passolini, Guy Debord, Hanna Arendt y Spinoza y descubre en el deslumbrante informe publicado en 1840 por Alexis de Tocqueville (La democracia en América) unos reveladores y preocupantes fragmentos proféticos.
Tocqueville "traza hasta el detalle los rasgos de un despotismo del futuro", vislumbra una figura dotada de un poder que nunca se había visto en siglos pasados, un poder capaz de "descender al lado de cada individuo para dirigirlo y guiarlo", un despotismo benigno que "degradará a los hombres sin atormentarlos", un tipo de opresión que no se asemejará a nada de lo que la ha precedido en el mundo.
La cosa es nueva, dice Tocqueville, y por tanto es necesario hacer un esfuerzo para definirla, dado que no consigo denominarla: "veo una multitud innumerable de hombres similares e iguales que dan vuelta sin tregua sobre sí mismos para procurarse pequeños placeres vulgares con los que dan satisfacción a su alma"; sobre ellos "se eleva un poder inmenso y tutelar, absoluto, minucioso, regular, previsor y amable que busca fijar a los hombres en la infancia; que quiere que los ciudadanos lo pasen bien, siempre y cuando no piensen en otra cosa que pasarlo bien.
Este poder no quiebra sus voluntades, las ablanda..."
(Basilio Baltasar)

5 comentarios:

Genín dijo...

Bueno, si, pero yendo a lo práctico, esto es lo que cada vez mas acerca a derecha e izquierda: Democracia
El hecho de que hay que ganarse el voto del pueblo que te conduce al poder y por ende hay que engañar y lo hace tanto la derecha como la izquierda...
Antes, en las dictaduras del Este, esto no era necesario, la diferencia es abismal con los tiempos que corren...
Hay que reinventar una nueva izquierda, mas honesta y realista.
Besos y salud

Blue dijo...

Si ya el texto me estaba gustando, el párrafo final me deja pegada al asiento.
En cuanto a los errores de la izquierda, en el caso español se quedaría corto porque hubo más y más grandes.
Lo curioso es que la derrota parece que no está sirviendo de nada y cada vez están más desorientados. Claro que para enderezar el rumbo tendrían que empezar por reconocer que se confundieron y como eso no lo van a hacer...
Besos, Marcela.
Llevas buen rumbo.
;-)

Frankie dijo...

Lo del poder que ablanda que señala al final está, efectívamente, muy bien.

La tutela seductora que se ejerce sobre los ciudadanos nos ha convertido en consumistas que funcionamos por impulsos. Basta con leer todo lo que se va publicando sobre el neuromárketing ese.

Están aprovechando la neurología y nuestros rastros, digitales y de las compras -bien cribados los mismos por la estadística- para no solamente hacernos comprar más, sino también para rebañar votos. Se identifican votantes igual que se identifican compradores.

Ante eso, los burócratas apoltronados de la izquierda son como dinosaurios del Jurásico.

Besos (consumiendo banda ancha)

La mano negra dijo...

En el primer mundo hemos interiorizado tanto el consumismo-edonismo-egoísmo, que es la esencia mas íntima de nuestro ser, a partir de aquí optar por ser de izquierdas o derechas es un aroma, un perfume que nos atavia, como cualquier otro producto de consumo, cautivo de las modas que seguimos y desarmado del significado que un día tuvo. Excelente artículo...como siempre.

Temujin dijo...

La cultura del sacificio se ha impuesto y ha ganado a la del esfuerzo. No queremos esforzarnos, sin embargo, sacrificamos muchas cosas en pos de un bien material que nos aleja de la felicidad...