domingo, 18 de octubre de 2015

compartir es tener






P. “Compartir es el nuevo tener”, dice el lema del Rijksmuseum. ¿Cree que ese espíritu de compartir que hay en la Red nos lleva a un mundo en que se comparte más?

R. Todo el sistema de Internet se basa en compartir y en el acceso abierto. No soy un profeta, pero el poder de la Red es tan fuerte que está provocando una gran disrupción en viejos modelos de negocio: periódicos, agencias de viajes, taxis, compañías de telecomunicaciones, moda... Te guste o no, sea malo o no, es lo que hay. En el Rijksmuseum pensamos que era mejor adaptarse que luchar contra ello porque es algo imparable. Uber y Airbnb son dos modelos de negocio estimulados por la manera de pensar de Internet. Airbnb es un buen ejemplo: ahora estamos en un hotel, es algo que pertenece al viejo mundo; y a mí me gusta el viejo mundo, tanto como el nuevo; pero así es el mundo en el que estamos viviendo, se comparte en la Red, se impone el hazlo tú mismo… La cuestión ya no es: “Yo soy el museo y yo decido lo que es bueno o lo que es malo”; eso ya no funciona.

P. En el marco de esos cambios que están experimentando nuestras sociedades, usted reclama una revisión de las legislaciones en materia de derechos de autor. ¿Está Europa equivocada en su aproximación a este asunto?

R. R. Hay cosas que deberían cambiar inmediatamente. Algunas legislaciones de derechos de autor están manteniendo el viejo mundo intacto. Proteger los derechos de los artistas mientras están vivos está bien. Pero hacerlo 70 años después de que hayan fallecido, eso ya no es válido. En China no es así; en el resto de Asia, tampoco; en Estados Unidos la legislación es más flexible. Picasso debe estar en los museos, es dominio público, es patrimonio de la humanidad que debe ser preservado. Los museos que trabajan con dinero público, y que forman parte de la esfera pública, deberían estar liberados de esos derechos de autor.

P. ¿Qué habría que hacer?

R. Hace falta una nueva legislación. En Holanda se llegaba hasta 50 años después de la muerte del artista; pero los lobbies franceses y alemanes consiguieron que en Europa fuera hasta los 70. Bastaría con que se protegiese hasta un año después del fallecimiento. Toda esta legislación de los derechos de autor viene de la primera década del siglo XX, antes de que hubiera, cámaras, faxes, computadoras… Ahora hay máquinas en todas partes que hacen copias de todo. El fenómeno de qué es una copia y qué es un original debe ser redefinido.

P. Los estudios dicen que los visitantes pasan entre 15 y 30 segundos frente a una obra de arte. ¿Es eso así? ¿Tiene sentido?

R. Es una pregunta muy personal [se ríe]. Bueno, yo lo hago a veces, cuando voy a un museo o a una tienda de antigüedades. Escaneo, tengo el ojo entrenado, y hago el zoom hacia lo que quiero. Pero 15 segundos para una obra arte es muy poco. Puedes decir que le has echado un vistazo, pero en realidad no la has visto. Recuerdo que cuando estudiaba Historia del Arte podíamos observar una obra durante dos o tres horas.

P. ¿Vivimos demasiado deprisa?

R. Hoy en día vivimos muy deprisa. Pero uno tiene que otorgarse el lujo del tiempo cuando está frente a la obra de un maestro.


Los museos están para preservar los originales y las redes para compartirlos.(la idiota)
(obra de Bruce Newman)

3 comentarios:

Temujin dijo...

Que halla gente que se beneficie de los derechos de autor de Cervantes o del autor del Mio Cid el famoso Anonimo, (celebre autor de la Alta Edad Media), me parece inmoral. Otra cosa es en vida del autor o incluso cinco años después de ella.

Genín dijo...

Muchas cosas nuevas, hasta que se hacen adultas, permanecen en el anonimato y en la impunidad legal :)
Besos y salud

Blue dijo...

La imagen digital de una obra no es la obra ¿Qué cosa más bonita para un artista que sus obras las disfrute cuanta más gente mejor? Ver una foto o un cuadro no es lo mismo que tenerlo. No todos tenemos los mejores museos a dos pasos ni tiempo para pararnos dos horas delante de un cuadro.
Sí, cambiarán muchas cosas, pero aún queda bastante.
Besos, Marcela.